
No todas las abejas nacen reinas.
En una colmena, todas las larvas comparten el mismo origen: pequeñas, vulnerables, sin distinción.
Y sin embargo, solo una será reina.
¿La diferencia?
No su genética.
No su destino.
Sino lo que recibe.
A esa larva seleccionada, se le alimenta con jalea real —una sustancia única, secretada por las glándulas de las nodrizas, rica en vitaminas, lípidos, proteínas, hormonas, enzimas y antioxidantes. Ese alimento no solo nutre: transforma.
El cuerpo de la futura reina crece.
Su sistema reproductivo se desarrolla.
Vive hasta 40 veces más que una obrera.
Y asume su rol: el de ser la fuente de continuidad, de poder, de vida.
La reina no nace: se crea.
Se elige.
Se nutre.
Se moldea.
Cuando leí por primera vez sobre este fenómeno natural, no pude evitar preguntarme:
¿Y nosotros? ¿Somos también moldeables? ¿O estamos atrapados en la genética que nos tocó?
Durante décadas, nos contaron que éramos el producto de nuestros genes.
Que si había diabetes en la familia, nos tocaba.
Que si había obesidad, resignación.
Que si había cáncer, cruzar los dedos.
Pero hoy, la ciencia nos dice otra cosa.
Sabemos que solo el 20% de nuestras enfermedades está determinado por la genética.
Y que el 80% restante depende de nuestro entorno, nuestras decisiones, nuestros hábitos diarios【1】.
La Medicina de Estilo de Vida —un enfoque clínico basado en evidencia— ha demostrado que enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes tipo 2, la obesidad, e incluso ciertos tipos de cáncer, pueden prevenirse, tratarse e incluso revertirse cambiando los pilares fundamentales del estilo de vida【2】:
- Alimentación basada en plantas y alimentos reales
- Movimiento regular
- Sueño de calidad
- Manejo del estrés
- Conexión social
- Evitar sustancias tóxicas
Y no se trata solo de enfermedades.
Se trata de cómo vivimos, de cuánto vibramos, de si sentimos o no que estamos viviendo desde nuestra mejor versión.
Muchas personas hacen “todo bien” —según el libro— y aún así no se sienten plenas.
Comen limpio. Duermen ocho horas. Van al gimnasio. Y sin embargo, hay algo que no cuadra. Una inflamación sutil. Un cansancio persistente. Una piel que no brilla. Un deseo apagado. Una tristeza sin nombre. Ahí es donde entra la pregunta incómoda:
¿Y si ya estás comiendo, pero no estás nutriéndote?
¿Y si te estás moviendo, pero no estás habitando tu cuerpo?
¿Y si no te falta proteína ni magnesio, sino propósito?
¿Y si aún sigues alimentándote como obrera, cuando tu cuerpo pide ser reina?
Convertirse en la abeja reina de tu vida no es ego. Es responsabilidad. Es tomar el timón de tu destino y recordar que no estás condenada a repetir las historias de tu linaje. Es volver a elegir. Una y otra vez. Cada mañana que abres los ojos es una nueva dosis de jalea real. Cada elección, un acto de alquimia. Y esa alquimia empieza en el cuerpo, pero no termina ahí.
¿Qué pensamientos consumes a diario? ¿Qué tipo de relaciones permites? ¿Qué palabras te dices al espejo? ¿Qué creencias sigues masticando, aunque ya no te nutran?
Hay muchas mujeres (y hombres) que no se han convertido en reinas porque nadie les enseñó que podían serlo. Porque crecieron con creencias limitantes: “No puedes”, “No mereces”, “No tienes lo necesario”. Y sin saberlo, repiten hábitos que sostienen esas creencias. Pero lo que repetimos no siempre es lo que somos. A veces es solo lo que nos enseñaron. Y se puede desaprender.
Este mes Noviembre, cuando todo tiende a recogerse, a soltar lo viejo, a preparar la tierra para el invierno… te invito a hacerte esta pregunta con valentía:
¿Estoy viviendo como abeja reina… o como obrera resignada?
¿Estoy cuidando mi cuerpo con amor?
¿Estoy alimentando mis emociones con conciencia?
¿Estoy nutriendo mis ideas, mis sueños, mi energía?
La reina que puedes ser ya existe en ti. Solo necesita ser alimentada. No con jalea real literal, sino con hábitos reales, amor real, intención real.
La medicina de estilo de vida no es una moda. Es un camino de regreso a ti. Una forma de recordar que el cuerpo quiere sanar. Que la mente puede calmarse. Que la vida puede volverse más liviana. Y sobre todo, que tú puedes transformarte. No porque lo diga un gurú. No porque lo imponga la sociedad. Sino porque tú lo eliges. Porque sabes que lo mereces. Y porque sientes que es tiempo.
Referencias científicas:
- McGinnis JM, Williams-Russo P, Knickman JR. The Case for More Active Policy Attention to Health Promotion. Health Aff (Millwood). 2002;21(2):78–93.
- Lianov L, Johnson M. Physician Competencies for Prescribing Lifestyle Medicine. JAMA. 2010 Jul 14;304(2):202-3.
- Egger GJ, Binns AF, Rossner SR. Lifestyle Medicine: Managing Diseases of Lifestyle in the 21st Century. Academic Press, 2017.


Deja un comentario