JEEP- Just Enough Essential Parts

Just enough essential parts.
Lo esencial no se ve… pero sostiene.

Bañarme en el club se ha vuelto una experiencia inesperadamente transformadora. Al principio pensé que sería una rutina más: ejercicio, sauna, una ducha rápida, salir. Pero no lo ha sido. La vida, a veces, se mete por las rendijas de lo más cotidiano para recordarte cosas que creías aprendidas. O para enseñarte otras nuevas.

Nunca fui una persona que se avergonzara de su cuerpo. En realidad, ni siquiera pensaba mucho en él. Estaba ahí. Funcionaba. Me permitía moverme, abrazar, correr, bailar, crear. Pero desde que me quitaron la mitad de un pecho el año pasado, algo cambió. No desde el juicio ni desde la necesidad de corrección, sino desde la conciencia. Mi cuerpo empezó a contar una historia diferente. O tal vez siempre la contó y yo simplemente no la escuchaba.

En el área de vapor del club, hay regaderas comunes. Elegantes, limpias, casi discretas, pero sin puertas. Ahí, el cuerpo se muestra entero, sin filtro, sin acomodo de luz. Estás tú, con todo lo que eres y lo que falta. Estás tú, con las otras mujeres, compartiendo espacio, agua caliente y silencios incómodos. Al principio fue un reto. Sentí la mirada de otras sobre mí, o quizá sólo fue la mía proyectada. Mi cuerpo no se parece al de las demás. O sí. Y fue esa posibilidad la que me sostuvo. Tal vez todos cargamos una historia invisible bajo la piel.

En ese silencio de azulejos húmedos y cuerpos desnudos, aprendí que lo más fuerte no es siempre lo que más se muestra.

Un día, mientras pensaba en todo esto en la regadera, recordé lo que significa la palabra Jeep. El vehículo fue diseñado originalmente para funcionar con lo esencial. Un coche ligero, robusto, sin adornos innecesarios. De ahí su nombre J.E.E.P, Just Enough Essential Parts. Lo básico. Lo que importa. Lo que funciona.

No siempre supe ver la belleza en la practicidad. De joven, como muchos, prefería lo brillante, lo complejo, lo dramático. No entendía que la verdadera elegancia está en lo simple. Que lo esencial, como escribió Saint-Exupéry, es invisible a los ojos.

Hoy entiendo que Jeep es también una filosofía. Es despojarse de lo que sobra, de lo que pretende. Es quedarte con lo verdadero. Con lo que, aunque no luzca perfecto, funciona. Sostiene. Acompaña. Permanece. Es dejar atrás las flores plásticas —esas que no mueren pero tampoco viven— para conectar con las flores reales, esas que aún secas, marchitas o incompletas, conservan una belleza mucho más sutil y profunda. Porque su valor no está en durar eternamente, sino en haber florecido de verdad.

Nos hemos acostumbrado a hablar de los cuerpos de los demás con una naturalidad escalofriante. Como si emitir una opinión sobre el peso de alguien, su talla, su forma, fuera tan casual como comentar el clima. Y no lo es.

No es una cuestión de género. A los hombres también se les habla del cuerpo, mucho más de lo que reconocen, incluso más de lo que nosotras, mujeres, tenemos consciente. Y no, que sea común no lo hace menos violento.

Nuestro cuerpo no debería ser el tema de conversación de nadie más que de nosotros mismos con quienes realmente nos ayudan a cuidarlo: un médico, un terapeuta, un amante respetuoso. Hablar del cuerpo de otro —con juicio, con burla, con lástima o admiración hueca— es invadir una intimidad sagrada.

Cada cicatriz, cada estría, cada órgano ausente o pieza agregada cuenta una historia. Son líneas en un mapa que no todos saben leer, pero todos deberíamos respetar. Ese mapa dice de dónde venimos, lo que hemos atravesado, los miedos que hemos enfrentado y las batallas que hemos ganado.

Deberíamos aprender a mirar más allá de lo estético. A dejar de admirar o despreciar cuerpos por lo que muestran, y comenzar a respetarlos por lo que sostienen. ¿Por qué nadie admira a quien tiene una ruta metabólica bloqueada y, aun así, elige todos los días un estilo de vida que le permite estar sano? ¿Por qué se invisibiliza el esfuerzo biológico de quienes viven en cuerpos no normativos?

La salud, la vitalidad, la historia genética y la forma del cuerpo no siempre coinciden. No todo lo que parece sano lo es. No todo lo que parece enfermo lo está.

Hoy me miro al espejo y sé que soy Just Enough Essential Parts. Perdí parte de un pecho, sí. Pero no perdí mi esencia. Sigo siendo la misma, solo que ahora manejo un Jeep.

Y como todo Jeep, mi cuerpo está hecho para el camino difícil, para avanzar con lo justo, para resistir terrenos duros y seguir andando. No por ser perfecto, sino por ser suficiente.

Y hay una libertad radical en eso.

Mi cuerpo no necesita aprobación. Necesita cuidado. Necesita ternura. Necesita verdad.

Mi cuerpo no es para el juicio de nadie, ni siquiera el mío.

Ojalá todas las personas pudieran sentirse bien bajo su propia piel. Ojalá entendiéramos que lo que nos hace únicos no necesita ser reparado. Solo visto. Solo abrazado.

Porque no sabemos qué historia carga el cuerpo del otro.

Y porque sobrevivir, vivir, amar, y contarlo… siempre es motivo de celebración.